Cuenta tus lecciones, no tus pérdidas: la historia de John Maxwell
Nació en una familia que impulsaba el liderazgo y el crecimiento, esas enseñanzas le permitieron hacer cambios en su vida para encontrar su verdadero propósito. Conoce la grandiosa historia de del líder en el tema del liderazgo John Maxwell.
El líder que aprendió a serlo en casa
John Maxwell nació en 1947 en Garden City, Michigan, y era apenas un bebé cuando su padre renunció a su trabajo en Ford Motor Company para dedicarse al pastorado, una decisión que obligó a toda la familia a mudarse a Ohio y empezar de cero.
Su padre le dio el ejemplo desde el primer día: fue un pastor tan exitoso que llegó a supervisar 200 iglesias y terminó presidiendo la Universidad Cristiana de Ohio, sin siquiera tener un título universitario.
En casa de los Maxwell la familia era el entorno de crecimiento: la madre ponía el apoyo emocional y el padre, siempre energético, ponía el impulso. La educación incluía 30 minutos de lectura obligatoria cada día, pero no de cualquier libro, sino de superación personal, así que Cómo ganar amigos e influir sobre las personas y El poder del pensamiento positivo se volvieron lectura de cabecera para John y sus hermanos.
Nada hacía pensar que John terminaría siendo uno de los grandes referentes del liderazgo: era extrovertido, sociable y buen estudiante, pero prefería pasar el tiempo en el campo de béisbol con sus amigos antes que sobre los libros.
El llamado que lo cambió todo
Todo eso cambió en su tercer año de secundaria.
A los 17 años sintió el llamado al ministerio y se propuso entrar a la misma universidad donde su padre era presidente, así que de un día para otro se dedicó de lleno a los estudios.
Sus calificaciones mejoraron rápido, y para pagarse la carrera aceptó trabajos en una ferretería y en un congelador de carnes, incluso trabajó los fines de semana como reclutador para la universidad, lo que terminó dándole una beca para sus últimos dos años de estudio.
El reto que él mismo eligió
En 1969 pasaron tres cosas importantes en la vida de John: se graduó de la universidad, se casó con su novia de toda la vida y tomó su primer pastorado en Hillham, un pueblo diminuto de Indiana.
La iglesia tenía menos de 30 personas de asistencia promedio, un reto enorme para un pastor de apenas 22 años, pero era justo el reto que buscaba: quería una iglesia donde nadie lo conociera como “el hijo de su padre” y poder hacer las cosas por su cuenta.
Con el apoyo de su esposa, mientras él ganaba apenas 80 dólares a la semana, en tres años convirtió esa iglesia de 30 personas en una de más de 300.
Cuando el camino dejó de ser suyo
Ese éxito le abrió la puerta a una iglesia más grande en Ohio, así que se mudaron otra vez y, otra vez, la hizo crecer.
Pero durante esos años John empezó a notar algo incómodo: la denominación a la que pertenecía no valoraba el crecimiento personal ni el éxito tanto como él. Después de mucha oración y reflexión, tomó una decisión que pocos se atreven a tomar cuando las cosas van bien: cambió de denominación y eligió su propio camino.
Así llegó a Skyline, una iglesia en San Diego, como pastor principal, y bajo su liderazgo la congregación pasó de 1,000 a 3,000 miembros, una de las de más rápido crecimiento en todo Estados Unidos.
Los aliados que moldearon su mensaje
John nunca dejó de crecer mientras hacía crecer a otros: obtuvo su maestría en Divinidad y un doctorado en el Seminario Teológico Fuller sin soltar nunca sus responsabilidades pastorales.
También buscó mentores, y uno de ellos fue el Dr. Les Parrott, autor bestseller, psicólogo y ministro ordenado, a quien un día le preguntó por qué escribía libros. Parrott le respondió que escribir le permitía llegar e influir en más personas de las que jamás alcanzaría en persona.
Esa respuesta se le quedó grabada, y desde ese momento John sintió que él también tenía que escribir.
El salto que nadie esperaba
Su primer libro hablaba de cómo la forma en que piensas determina quién eres, y la buena respuesta del público lo animó a seguir escribiendo hasta que la escritura se volvió una disciplina diaria. Para darle estructura a sus ideas creó un marco al que llamó REAL: Relaciones, Equipamiento, Actitud y Liderazgo, cada tema nacido de su propia experiencia como pastor.
En 1995, con Skyline en pleno crecimiento y su carrera pastoral asegurada, John tomó la decisión más arriesgada de su vida: renunció como pastor principal para dedicarse por completo a transmitir su mensaje y crear recursos para otros líderes.
La victoria: un mensaje que llegó a millones
Hoy John Maxwell ha escrito más de 100 libros, con más de 31 millones de copias vendidas en todo el mundo, y fundó Ministerios INJOY para llevar esos recursos a pastores y líderes laicos.
La comunidad de INJOY creció tan rápido que hasta el mundo empresarial empezó a pedirle materiales adaptados a sus necesidades, y así nació The John Maxwell Company. Junto a su hermano Larry también fundó EQUIP, para entrenar líderes alrededor del mundo, la misma vocación de servicio que aprendió de su padre, ahora convertida en empresa familiar.
El nuevo normal
A pesar de dirigir varias empresas, John mantiene un solo propósito: agregar valor a las personas que, a su vez, multiplican valor para los demás.
Su mensaje vuelve una y otra vez a los desafíos del liderazgo, y se resume en una frase que repite seguido: no cuentes tus pérdidas, cuenta tus lecciones. Es su forma de ver el fracaso bajo otra luz, la misma que, según él, le ha enseñado más que cualquiera de sus éxitos.
Conclusión
De la vida de John Maxwell se pueden sacar tres lecciones muy claras.
La primera es la importancia de sembrar lo que quieres cosechar: John creció en un entorno que lo formó como líder mucho antes de que él mismo eligiera serlo.
La segunda es la importancia de alinear tu entorno y tus acciones con tus valores. Si sientes que no estás en el lugar que te hace sentir pleno, ve por otra cosa, puede dar miedo al principio, pero te puede llevar a un mejor mañana. A John le dio miedo cambiar de denominación, y también le dio miedo dejar Skyline justo en su mejor momento.
Y la tercera, la más importante: las pérdidas se deben ver con luz de aprendizaje, porque son parte de lo que termina formando a un gran líder.
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