Cómo leer más si sientes que no tienes tiempo
Si llevas un tiempo siguiendo Devoradores de Libros, seguramente ya me has escuchado decir esta frase más de una vez:
Lee más.
Y casi siempre pasa lo mismo, alguien me responde: -Sí quiero… pero no tengo tiempo.”
Y lo entiendo, todos estamos ocupados.
- Trabajo.
- Familia.
- Pendientes.
- Mensajes.
- Notificaciones.
Cuando termina el día, lo último que se puede querer es abrir un libro, pero hace algunos años empecé a preguntarme algo.
Si realmente no tenemos tiempo para leer… ¿cómo es que sí tenemos tiempo para revisar Instagram veinte veces al día?
No lo digo para hacerte sentir culpable, yo también he pasado por ahí.
Hay días en los que abro el celular “solo cinco minutos” y cuando levanto la vista, ya pasó casi una hora. Creo que el problema no es que no tengamos tiempo, el problema es que nuestro tiempo se llena de pequeñas decisiones que hacemos casi sin darnos cuenta.
Lo curioso es que nunca habíamos leído tanto como ahora, solo que no libros.
Un reporte de la Universidad de California en San Diego estimó que el estadounidense promedio consume más de 100,000 palabras al día entre mensajes, correos electrónicos, titulares, redes sociales y notificaciones, y eso lo midieron en 2009. Hoy, con todo lo que ha crecido el celular desde entonces, esa cifra seguramente es todavía más alta.
Y si crees que esto es cosa de otros países, el INEGI encontró que en México pasamos en promedio 4.4 horas al día conectados a internet, casi 6 horas si tienes entre 18 y 24 años.
Yo tampoco era una gran lectora
Hay algo que he contado varias veces, durante buena parte de mi vida no leía casi nada. De hecho, si terminaba tres o cuatro libros, sentía que había sido un buen año.
Siempre tenía uno empezado, otro en mi buró y alguno más que juraba que iba a leer “cuando tuviera tiempo”. Ese momento nunca llegaba.
Empecé a leer más cuando empecé a ayudar a mi esposo en un proyecto, hace ya diez años. Empecé a leer porque lo necesitaba, necesitaba saber más, pero el hábito simplemente no estaba. No sabía qué hacer para leer más, porque de tres o cuatro libros no pasaba. Entonces empecé a preguntarme: ¿Cómo puedo leer más? ¿Cómo puedo hacer que leer sea más fácil?
En esa época leía un poco de todo, hasta que llegué a Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar, de Scott Adams. Ese libro pequeño lo cambió todo, porque ahí descubrí que el problema no era mi disciplina: era el sistema que estaba siguiendo.
Leer más no depende de fuerza de voluntad
Si has leído Hábitos Atómicos, seguramente recuerdas una idea de James Clear.
No alcanzamos nuestras metas, caemos al nivel de nuestros sistemas.
Durante años pensé que leer era una decisión, hoy creo que es principalmente una consecuencia del ambiente que construyes.
Si cada vez que te sientas en el sofá tienes el control remoto de un lado y el celular del otro…
¿qué crees que va a ganar?
asi es, no el libro.
No porque no quieras leer, sino porque tu cerebro siempre elegirá la opción que requiere menos esfuerzo.
1. Empecé a dejar libros por toda la casa
Antes mis libros vivían en la biblioteca. Se veían muy bonitos, pero casi nunca los tocaba.
Hace unos seis años leí en un libro que dejar los libros fuera de la biblioteca, a la vista, era una de las mejores estrategias para leer más. Así que empecé: uno junto a mi cama, otro en la mesa de la sala, en mi escritorio, hoy tengo libros por todas partes de mi casa.
Al principio esto me costó más de lo que esperaba, porque tengo TOC con la limpieza y el orden, y ver libros regados por todos lados no es exactamente algo que me relaje, pero prefiero leer más a que mi TOC me gane.
El principio de la fricción
Hay una palabra que aparece constantemente cuando lees sobre hábitos: fricción.
La fricción es todo aquello que hace más difícil empezar una acción.
Cuantos más pasos haya entre tú y un hábito, menos probabilidades hay de que ocurra.
Piensa en esto, si tu libro está guardado en otra habitación, dentro de un cajón o al fondo de un librero, ya añadiste varios pasos antes de empezar a leer.
En cambio, si está abierto sobre la mesa donde desayunas, la barrera prácticamente desaparece, parece un detalle insignificante, pero muchas veces los hábitos no cambian por grandes decisiones, cambian por pequeñas facilidades repetidas todos los días.
El sistema para leer más (SLM)
Después de probar distintas estrategias durante años, terminé quedándome con un sistema muy simple. Es el que sigo cuando siento que estoy perdiendo el ritmo de lectura y quiero recuperarlo sin presión.
Lo llamé SLM: Sistema de Lectura Mínima.
No busca que leas un libro por semana, busca que nunca dejes de ser lector.
Paso 1. Haz que empezar sea ridículamente fácil
No te prometas leer una hora diaria, prométete leer cinco páginas, o cinco minutos.
Lo importante no es la cantidad, es que abras el libro.
Paso 2. Deja el libro donde ya estás
No cambies toda tu rutina e integra el libro a una rutina que ya existe.
En la mesa de tu cama, escritorio, comedor, en el carro para cuando tengas que esperar… la lectura necesita menos intención y más presencia.
Paso 3. Protege tus primeros 15 minutos
Hay una diferencia enorme entre empezar el día leyendo un capítulo y empezar leyendo notificaciones.
Las primeras palabras que consumes suelen marcar el tono del resto del día, por eso intento retrasar lo más posible el momento en que abro redes sociales, y no siempre lo logro, no soy perfecta, pero cuando lo hago, la diferencia se nota.
Paso 4. Nunca rompas el vínculo con los libros
Habrá semanas en las que leas mucho y otras en las que apenas puedas avanzar unas páginas, y no pasa nada. El objetivo no es mantener una racha perfecta, sino no desaparecer de la lectura durante meses, cinco páginas son mucho mejor que no leer nada.
Leer más también cambia cómo piensas
Con el tiempo me di cuenta de algo curioso: los libros nunca solucionaron mis problemas de manera directa. Lo que hicieron fue cambiar la forma en la que los veía. Un buen libro no toma decisiones por ti, pero sí puede darte una pregunta distinta, y muchas veces una buena pregunta vale más que una respuesta rápida.
Por eso sigo leyendo. No para acumular libros terminados, sino porque cada uno me ayuda a mirar el mundo desde un ángulo que antes no había considerado.
Entonces… ¿cómo empiezas?
Si hoy me preguntaras cuál es el mejor consejo para leer más, no te diría que pongas una meta de cincuenta libros al año. Te diría algo mucho más sencillo: haz que el próximo libro esté tan cerca de ti que abrirlo requiera menos esfuerzo que abrir Instagram. Eso es todo.
Los grandes lectores no aparecen de un día para otro, se construyen página a página. Y, casi siempre, todo empieza con una decisión muy pequeña: abrir un libro una vez más.
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