Pensar con Claridad de Shane Parrish: Resumen y Framework

Pensar con Claridad de Shane Parrish: Resumen y Framework

Pensar con Claridad de Shane Parrish: Resumen y Framework

Hace tiempo leí Pensar con claridad, el libro de Shane Parrish (el creador de Farnam Street y del podcast The Knowledge Project), y me quedé con ganas de ordenar todo lo que aprendí. Este es el framework completo que arme para empezar a pensar con claridad en las decisiones que realmente importan.

Qué es pensar con claridad

El pensamiento claro es un acto deliberado, intencional y estructurado.

  • Deliberado: hecho con un fin en mente.
  • Intencional: perseguido como un verbo, no como un sustantivo.
  • Estructurado: guiado por sistemas y procesos.

Su objetivo es ayudar a quien piensa a mitigar sesgos, descubrir puntos ciegos, cuestionar posturas y adoptar diferentes perspectivas para llegar a las mejores ideas posibles.

Por lo tanto, el pensamiento claro implica:

  1. Reconocer las diferencias entre el pensamiento espontáneo y el deliberado, y elegir complementar el primero con el segundo (no es uno u otro).
  2. Crear tiempo para ejercitar el pensamiento deliberado.
  3. Tener un espacio propicio para pensar.
  4. Estructurar el proceso de pensamiento, para compensar sus limitaciones naturales.
  5. Crear bucles de retroalimentación y sistemas que te permitan mejorar tu forma de pensar.

Tipos de pensamiento

El pensamiento puede ser un acto subconsciente o consciente. El primero ocurre de forma continua (incluso mientras dormimos) como parte del telón de fondo de nuestra mente, como un río incesante que nace de nuestra experiencia del mundo y fluye junto a nuestra vida diaria. El segundo, inmortalizado por Rodin como un acto de voluntad, es un verbo que requiere que “el pensador” se involucre y se ejercite deliberadamente en el acto de pensar.

El pensamiento subconsciente es inevitable, una parte natural de la experiencia humana. El pensamiento consciente no lo es.

El Pensamiento Claro se enfoca en este último, no en un intento de menospreciar el impacto del subconsciente, sino reconociendo nuestra falta de control sobre sus flujos y reflujos.

Aunque podemos influir o estimular el pensamiento inconsciente a través de actividades que nos permiten desconectar mentalmente y dejar que el subconsciente tome el volante —ejercicio, música, naturaleza, etc.— no podemos dirigir su flujo hacia un problema específico y dependemos de la llegada de “momentos eureka” para resolver lo que sea que estén resolviendo.

Eres un buen pensador?

Uno de los puntos más provocadores del libro es una propuesta simple: “Eres intencional respecto al pensamiento?”

Lo que el autor intenta transmitir mediante el método socrático es la creencia de que la mayoría de las personas no se involucra en el pensamiento consciente, y que la minoría que si lo hace, en su mayoría lo aborda de manera subóptima y solo como respuesta a un evento crítico.

Leyendo esto, tuve que admitir que, en su mayor parte, caigo en esta última categoría.

Esto lleva a 2 argumentos muy de “sentido común”:

  1. “Solo puedes aprender a nadar nadando”, por lo tanto, si quieres que este libro genere un cambio real en tu vida…
  2. “La técnica y la práctica separan la natación con mayúscula de los nadadores comunes”, por lo tanto, tienes que practicar y aprender tácticas específicas que mejoren tu forma de pensar.

3 cosas simples (pero no fáciles) para empezar a pensar con claridad

Espacio, tiempo y herramientas:

Tiempo

El tiempo es el más engañoso de los 3, bajo la filosofía de que “simple no es igual a fácil”.

El argumento es tanto por la necesidad de sacar tiempo de tu día para pensar —es decir, apartar xx minutos cada día para dedicarte al pensamiento— como por reconocer que para pensar con claridad sobre algo, vas a tener que pensar en ello durante bastante tiempo.

Para mi, esto suele significar programar tiempo después de que termine mi día: una vez que he tenido tiempo con mi familia, hecho ejercicio, cenado y la casa está en silencio. También significa poner un temporizador de 45 minutos y comprometerme a enfocarme durante ese tiempo en pensar sin distracciones.

Espacio

El espacio es algo que se pasa por alto de manera crítica: pensar en la ducha, pensar mientras nado, pensar mientras manejo… la cruel fantasía de la multitarea que nos es tan familiar pero de la que parece que no podemos escapar.

Antes que nada, elige un espacio para pensar que desincentive la multitarea.

Lo otro que hay que cuidar es elegir un lugar para pensar. El término medio ideal es un lugar donde estés cómodo, pero donde la comodidad no se interponga.

Pensar en la cama parece una gran idea, hasta que te quedas dormido a los pocos minutos.

Pensar en tu comedor puede estar muy bien, siempre y cuando no haya alguien viendo televisión en la sala que te distraiga.

En mi caso, este es mi estudio en casa: tranquilo, suficientemente cómodo, y estoy tan acostumbrado a que este espacio sea una “estación de trabajo” que mentalmente, cuando estoy aquí, sé que estoy aquí por una razón.

Herramientas para pensar

  1. Escribir

Mantener los pensamientos en abstracto hace que el pensamiento sea etéreo y difícil de cuestionar; por lo tanto, si quieres pensar con claridad, tienes que convertir el pensamiento de intangible a tangible mediante herramientas. Las herramientas más adecuadas para esto te permite ganar distancia de tus pensamientos y verlos objetivamente, y que estos no tengan una vida útil corta.

Con esto en mente, el autor, sin sorpresa, es un gran defensor de escribir tus ideas en papel.

Como te imaginarás, yo también soy fan.

  1. Definir

“Un problema bien definido está medio resuelto.” Esta cita, atribuida frecuentemente a Charles Kettering o a Albert Einstein, enfatiza que invertir tiempo en entender y definir con precisión un problema hace que encontrar la solución sea mucho más fácil.

Una definición adecuada evita desperdiciar recursos resolviendo el problema equivocado. También crea barreras para prevenir el pensamiento mágico y la esperanza de encontrar balas de plata que resuelvan múltiples problemas a la vez.

Lo mismo ocurre con el pensamiento en general.

Definir en qué estas pensando y mantener el enfoque en el tema te lleva al 50% del camino hacia una solución, exactamente por la misma razon.

  1. Sortear la naturaleza

El sesgo cognitivo y la naturaleza humana son los enemigos del pensamiento claro.

El sesgo de confirmación, el sesgo de identidad, el pensamiento grupal, el efecto de arrastre (bandwagon), el sesgo del statu quo, el efecto de camara de eco, etc., son algunos ejemplos de los comportamientos predeterminados de la naturaleza humana que moldean la forma en que pensamos.

El sesgo es inevitable; hemos evolucionado como especie para tener estos sesgos por una razón: refuerzan la naturaleza humana y la supervivencia de la especie, pero los sesgos no están naturalmente destinados a impulsar el pensamiento claro; su objetivo es la pertenencia y la supervivencia mediante la reducción de la carga cognitiva en el proceso de toma de decisiones, es decir, el atajo no siempre es el mejor camino ni lleva al destino.

Por lo tanto, el objetivo del pensamiento claro es mitigar los sesgos para asegurarnos de llegar al destino deseado, y hacerlo en las mejores condiciones posibles.

La voluntad de la naturaleza humana (también inevitable) refuerza estos sesgos, es decir, la tendencia a buscar el camino de menor resistencia, a dejar que las emociones secuestren nuestra racionalidad, a dejar que nuestros prejuicios tomen la delantera, etc.

Para evitar los sesgos y la naturaleza humana, quien piensa tiene que establecer sistemas —ya sean reglas, friccion intencional, procesos, plantillas, estándares, etc.— que refuercen el pensamiento claro y que aseguren intencionalmente que la idea se filtre contra las brechas creadas por los sesgos cognitivos.

En primeros principios, los sistemas deben reforzar una definición clara del proceso, crear espacio para la ideación, clasificar y priorizar ideas según su impacto, refinar ideas basándose en evidencia, cuestionar la evidencia desde diferentes puntos de vista, tratar de ver más allá de los efectos de primer orden, trazar un camino a seguir y crear un bucle de retroalimentación para validar si la idea está cumpliendo con el resultado esperado.

En mi caso, uso una combinación de herramientas para ayudar a sortear la naturaleza cuando pienso de manera intencional, por ejemplo:

  1. El método de Oxford para escribir.
  2. El método de McKinsey para resolver problemas.
  3. El modelo de design thinking para la ideación.

No siento la necesidad de “reinventar la rueda”, pero si tu si, asegurate de que los primeros principios que el sistema debe cubrir estén presentes, es decir:

Insumos (tiempo/espacio/energía) → Proceso (estructura + estándares) → Higiene cognitiva (revisión de sesgos y naturaleza humana / pensamiento de segundo y tercer grado) → Resultados (decisiones/planes) → Bucles de retroalimentación.

En cuanto a las reglas, parecen estar más orientadas a evitar una mala toma de decisiones a nivel subconsciente, por ejemplo: “no tomes decisiones cuando tengas hambre, estés enojado o cansado”, “no te comprometas con decisiones basadas en la primera idea que se te ocurra”, pero eso tambien deberia implementarse en el pensamiento estructurado.

Advertencia: el libro no cubre como evitar que la estructura también pueda reducir la claridad al forzar una convergencia prematura, un ajuste excesivo a un marco de trabajo, o al sustituir el proceso por la perspicacia. Esto queda a criterio de quien piensa para resolverlo, o para otro libro sobre el tema.

Saber en qué pensar

El pensamiento claro es una actividad de alta carga cognitiva que consume mucho tiempo y es agotadora. No es viable que se convierta en una forma predeterminada de pensar, ni ese debería ser su propósito. Las herramientas y sistemas expuestos por Shane Parrish están pensados para usarse en la toma de decisiones de alto riesgo.

Es decir, despliegue solo para ideas consecuentes; se experimental en el bajo riesgo, y cuidadoso y minucioso en el alto riesgo (siendo el riesgo que tan reversible es la decisión).

Advertencias adicionales

  1. Es importante señalar que estos sesgos no se limitan al proceso de pensamiento, sino también a la seleccion de problemas; por lo tanto, es importante cuestionar los problemas o ideas que elegimos enfocar y validar que estamos eligiendo enfocarnos en cosas que importan, y elegirlas por la razón correcta. Por ejemplo, expandir tu carrera importa, pero si lo haces por ego nunca tendrás suficiente, o si lo usas como plataforma para la libertad económica, el desarrollo personal, etc., nunca sentirás una realización verdadera.
  2. El pensamiento claro y estructurado no garantiza resultados perfectos. No hay balas de plata que garanticen el éxito; hay demasiado caos en nuestro ecosistema humano como para descartar el azar, las incógnitas desconocidas y el terreno que se mueve bajo tus pies. Las buenas ideas aún pueden fallar, un pensamiento bien estructurado puede no terminar en el resultado que esperas. Necesitas poder aceptar eso y seguir adelante sabiendo que, al estructurar tus pensamientos con claridad, al menos tendrás una mejor oportunidad de éxito.
  3. La estructura aumenta las probabilidades de buenos resultados, pero la incertidumbre persiste; por lo tanto, el pensamiento claro debe combinar el rigor con la acción: toma decisiones reversibles rápido, decisiones irreversibles con cuidado, y pon a prueba la realidad temprano mediante el método científico.
  4. Los bucles de retroalimentación crean responsabilidad. Los pre mortems nos permiten anticipar problemas, los post mortems nos permiten aprender de la experiencia, y llevar un marcador te permite dar seguimiento al progreso. Usa todo esto para crear bucles de retroalimentación que agudizan y aclaren tu toma de decisiones.

Para profundizar

Eso es, en resumen, el framework completo para pensar con claridad de Shane Parrish. Si quieres leer el libro completo, puedes conseguirlo en Amazon, Buscalibre o Fnac. Y si prefieres escuchar a Shane Parrish directamente, tiene un podcast excelente: The Knowledge Project.

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